domingo, 26 de julio de 2015

HABLANDO DEL PARO NACIONAL DEL 9 DE JULIO DEL 2015


 


Escribe: GREGORIO RAMOS MAMANI (Ex secretario General de la FDTC.)

1.- Después de un considerable tiempo de mi ausencia de la ciudad del Cusco, me encontré con la campaña periodística por la cristalización de esta jornada nacional de protesta; igualmente, al día siguiente, la prensa hizo la radiografía del Paro Nacional, recalcando que en Cusco fue solamente una marcha de dos horas encabezada por la dirigencia de la FDTC, aunque la ciudadanía realizó el paro total por cuentas propia. En provincias se ha sentido poco. Será porque las heridas, como el caso del abandono que se hizo siempre a Quillabamba,  aun no cicatrizaron

A nivel nacional, hubo considerable participación en las ciudades del sur: Arequipa, Cusco, Puno, Tacna y Moquegua. En el centro, Junín y Lima, en el norte, Cajamarca.

La injerencia de la CGTP, pasó desapercibida, en Lima se limitaron a hacer una marcha para entregar un “pliego de reclamos” a Palacio de gobierno, encabezados por su presidenta Carmela Sifuentes, en compañía de algunos congresistas. Yo no entiendo  eso de entregar un “pliego” en medio del paro, porque el paro es la reacción popular contra la ceguera, sordera, soberbia y altanería del poder gubernamental, en fin, dista mucho de lo que fue la histórica jornada del 19 de julio de 1977, en que el pueblo y los trabajadores arrinconamos a la dictadura militar de Morales Bermúdez. Naturalmente, con un costo social de miles de dirigentes sindicales despedidos de sus centros de trabajo, por lo que muchos de ellos ni alcanzaron el derecho de jubilación y cesantía.

2.- He leído con estupor un titular que decía: “Cusco sancionará a quienes traicionen las luchas populares” considero que eso es nada más que discurso demagógico de los gobernantes de turno. Pues bien, la historia y la experiencia social nos demuestran que los derechos populares no se mendigan. Por ejemplo, en las décadas del 30 al 50 y hasta los 80, no existía considerable población asalariada, pero el pueblo se hacía eco del llamado o convocatoria de la genuina dirección sindical, que recogía el clamor del pueblo; sin duda,  al margen del sacrificio que significaba organizar al pueblo, ya que al dirigente sindical le esperaba el despido de su trabajo, la persecución política, el encarcelamiento y la tortura en los peores lugares de reclusión.

3.- Con relación a lo esgrimido en forma vacilante, tembleque y esquizofrénica, por parte de la representación de los empresarios transportistas diré que estos jamás estuvieron ni estarán al lado del pueblo, pues este grupo humano se siente ser de la rancia aristocracia y no dejarán jamás la mamadera para sangrar el bolsillo del pueblo indefenso, imponiendo tarifas antojadizas en los servicios colectivos que prestan y, ante la insolente amenaza de los taxistas qué podemos esperar. El pueblo es víctima de sus necesidades. Por ejemplo, en horas punta los escolares no son recogidos por estas empresas, aun cuando las madres se los rueguen. Y no hay autoridad que les imponga las reglas.

4.- Quienes garantizan la realización de las protestas populares son el batallón de trabajadores asalariados, los trabajadores independientes y los campesinos, organizados en sus sindicatos; pues, los sindicatos tienen su doctrina, sus objetivos y sus responsabilidades. Aquí merece destacar las intervenciones públicas del alcalde Moscoso Perea, cuando hace recuerdo a: “aquellos tiempos en los que el Cusco, en su totalidad se levantaba y hacía sentir su potente voz en todo el país, pero ahora no pasa eso”, ¿Podrán negar esto las pocas organizaciones sindicales sobrevivientes que datan de más de 30 años? En la actualidad el Cusco cuenta con centros de trabajo como: Bancos, hoteles, restaurantes, transportes, mineras, farmacias, casas comerciales de diversa índole y es obligación dirigencial organizar a sus trabajadores en cada uno de estos centros de trabajo, creando sindicatos, para luchar por la estabilidad laboral, participar en las luchas populares y, de ese modo, garantizar las medidas de fuerza como son los paros y las huelgas, pues, el movimiento sindical cusqueño tiene la obligación moral ineludible de defender conquistas como: el Hospital Regional del Seguro Social que viene siendo literalmente ahorcado con la tercerización de sus diversos servicios a tal punto que estos se están privatizado y encareciendo paulatinamente, después de haber servido de caja chica a los gobernantes de turno. Esta conquista fue anhelo de los asegurados por los que luchó muchos años la otrora gloriosa FDTC.

Aquí vale la pena encontrar respuesta a esta pregunta: ¿En qué momento se “jodió” el movimiento de izquierda y el sindicalismo en el Perú y en el Cusco?

Cusco, julio del 2015

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